Si has tenido que hacer alguna vez una reforma en tu casa sabrás que donde el presupuesto se dispara es en los trabajos que hay que hacer al final de la obra, cuando todo está casi acabado, para incorporar algo que se te ha olvidado o que un amigo te ha recomendado a última hora.

Este tipo de trabajos supone pagar a los obreros por deshacer lo hecho y volver a hacer lo nuevo. Si lo hubieras hecho solo dos semanas antes, seguramente te costaría la décima parte o puede que nada.

Pues si quieres que tu instalación domótica sea lo más económica posible, empieza a trabajar en ella cuanto antes.

Si es posible comenzar las conversaciones con tu integrador durante la fase de proyecto, hazlo. Este es el mejor momento. Todo se puede plantear, cambiar o reenfocar sin costo alguno. Al fin y al cabo: “el papel lo soporta todo”.

Y me dirás, ¿y cuál es el momento en el que incorporar la domótica puede empezar a ser más costoso?

Pues muy fácil. El momento clave es cuando el electricista ha marcado donde necesita sus tubos y los albañiles empiezan a canaletear la pared. De ese momento en adelante, todo sigue siendo posible, pero va a ser más caro porque habrá que volver atrás y cambiar cosas.

En resumen, mientras antes incorpores al integrador domótico al proyecto de tu vivienda o tu oficina, más rentable será para ti.

Author: Gustavo Lizio

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